Al
hablar de la Terapia Familiar en la Argentina no podemos
dejar de recordar al Dr. Enrique Pichon Rivière,
formador de más de una generación de terapeutas
y gran innovador de la psiquiatría en el país.
Inició sus observaciones en el campo familiar en
la década del 30, siendo todavía estudiante
de medicina: mientras trabajaba en un asilo para oligofrénicos,
observó un cuadro de oligotimia cuyo retardo mental
significativo era causado por carencias afectivas, con
experiencias muy tempranas de privación y abandono
afectivo en el grupo familiar.
Cuando
indagó la relación entre la enfermedad mental
y la situación familiar, investigó la forma
del vínculo, la situación desencadenante
y observó las situaciones de pérdidas o
de privación como constantes. Apareció el
abandono familiar y la segregación del enfermo
mental, el internamiento en el hospicio y luego el síndrome
del “hospitalismo”; los pacientes se niegan
a salir por no regresar a su grupo familiar. Desde esa
época Pichon-Rivière observó que
es en la familia donde se genera la patología y
que mientras no se modifique la situación originaria,
los pacientes corren el riesgo de volver a enfermar.
Dice
a su vez: ”Cuando emerge una neurosis o una psicosis
en el ámbito del grupo familiar, descubrimos que
previamente un grado determinado de inseguridad se ha
instalado en el seno de ese grupo impotentizándolo”.
Agrega: ”una clarificación de las redes de
comunicación grupal, con el abordaje de los misterios
familiares y el análisis de las ideologías,
permitirá, junto con el ajuste entre imágenes
internas y realidad exterior, la dilucidación de
los malos entendidos, creándose el clima apropiado
para la tarea familiar.”